28/07/2005
Cambio de blog. Ya he cumplido una etapa en este sitio (6 meses) y es momento de mudarme para ofrecer nuevas cosas:
http://www.elritmodelvolchevique.blogspot.com
He tenido problemas en subir textos al blog. Si cambio de dirección, les avisaré. Mientras tanto me gustaría saber si han tenido problemas al acceder a esta página.
26/07/2005
Y si alguna vez, Karla, nos llegamos a encontrar en una ciudad extraña en medio de un mar de gente y nos miramos sin creer que somos nosotros, sin creer que el azar nos esté haciendo esto porque una situación así nunca está prevista, mucho menos si sucede siete u ocho años después de haberla deseado y pedido y vuelta a desear cada día, cada noche hasta el cansancio una y otra vez y creer un día que jamás volveríamos a vernos porque lo que sucedía no podía ser real, no podía pasarnos a nosotros que estamos tan lejos y que nos hace tanta falta estar al lado del otro y sentirnos como nunca hemos imaginado así como ese momento donde nos miraríamos sin creer que todo ha valido la pena hasta ese momento porque habría sido bueno dejarnos llevar por las circunstancias, por el momento, por la gente que nos habría arrastrado hasta ese lugar preciso donde por primera vez en diez años compartiríamos exactamente el mismo piso y el mismo cielo sin darnos cuenta hasta que algo hizo que volteara al lugar justo donde caminabas sola, con el pelo suelto, mirando los anuncios de la calle, como pensativa pero despreocupada, y de pronto sucede el encuentro, el cruce de miradas, de caminos, de pasado y presente, y sucede que no sabemos cómo actuar a pesar de haberlo estado esperando tanto tiempo, pero es normal, sobre todo si tomas en cuenta que estaríamos en la calle, en una ciudad extraña, quizá en un país ajeno, con diez años de encima, con tantas cosas sin decir, con miles de secretos, de experiencias, de lágrimas, de risas, quizá seríamos otros que no tendríamos nada de qué hablar, completamente otros, unas personas distintas que pasaríamos de largo después de mirarnos y no sentiríamos nada pues todo el mundo habría cambiado con nosotros y nada importaría ya, si te vas, si me regreso, si nos topamos nuevamente pero no, también existe la posibilidad de gritar nuestros nombres, de correr, de alborotar a nuestro sentimiento y abrazarnos entrañablemente, tiernamente, amorosamente, por todos aquellos abrazos que nos hemos mandado en cartas, en mensajes, en llamadas y que dijimos que un día nos los daríamos en uno solo y ese sería el abrazo tan esperado por nosotros y qué manera de reencontrarnos, de abrazarnos, de saber que el otro realmente existe como lo hemos imaginado cada noche y qué andas haciendo, a donde vas, cuando te regresas, pero déjame abrazarte de nuevo, sentir que realmente eres tu y vamos a caminar, conozco un lugar lindísimo como para enamorarse siempre, anda, ven, pero primero prométeme con todas tus fuerzas que nunca nos volveremos a separar.
Comparto una de las mejores líneas que he leído en los últimos meses:
1)
"...una o dos ramitas adornaban la fotografía, el grupo -madre y dos niños- que se veía sobre el escritorio al cual estaba sentado el padre cuando entró aquél joven, y ellos -Quintin y Shreve- pensaron que cuando el padre habló y antes de que sus palabras dejaran de ser conmoción para cobrar sentido, Enrique había de recordar más tarde, haber visto a través de la ventana..."
¡Absalón, absalón! de William Faulkner
2)
"(La literatura) es una manera astuta que hemos inventado a fin de desagraviarnos a nosotros mismos de las ofensas e imposiciones de esa vida injusta que nos obliga a ser siempre los mismos, cuando quisieramos ser muchos, tantos como requerirían para aplacarse los incandescentes deseos de que estamos poseídos"
"La literatura es un desafío a lo que existe"
"Porque toda buena literatura es un cuestionamiento radical del mundo en que vivimos"
La verdad de las mentiras de Mario Vargas Llosa
3)
"Acercarse y mirar"
Beatriz de la Fuente
26/07/2005 09:58 No hay comentarios.
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22/07/2005
Él se acercó con toda la maldad de un buen amante ante el oído de ella para sorprenderla de nuevo y decirle que los deseos son las únicas mentiras que pueden dejar de serlo. Primeramente fue el lugar donde cayeron sus palabras que se estremeció, toda aquella zona circular donde la forma de concha hace retumbar los sonidos para repetirlos y repetirlos. Fue instantáneo. De golpe entró su voz y no pudo hacer más que sentir aquel choque que rápidamente invadió todo su cuerpo. En sus hombros siguieron floreciendo pequeñas rosas blancas que nacieron desde el cuello, rebasaron el hombro y conquistaron los brazos, mientras que sus pechos se despertaban un poco para echar un vistazo a través de la blusa. Sus pezones brotaron sonrientes y la sensación bajó hasta hundir el boquete construido de algo sumamente delicioso que bajaba y bajaba sin poder detenerse hasta penetrar en las zona de las piernas que flaquearon en el próximo movimiento, sobre todo porque al mismo tiempo de llegar a los muslos y caer pesadamente a los pies, aquella sensación, aquella vibra que venía avanzando desde su oído, invadió de lleno y con mucha fuerza el territorio de su sexo. Fue como haberle dado un beso a su interior.
20/07/2005
En mi paseo nocturno por los blogs -aunque había jurado no hacerlo- me topé con la siguiente nota curiosa:
"Los libros de notas —pulso febril del tiempo— serán la literatura de mañana y ya casi son la de hoy... Esta tarea de ir apuntando cada uno de nuestros fugaces pensamientos ofrece el riesgo de todos los narcisismos, conduce a la desesperación y a la muerte. Quien a toda hora escribe lo que dice o lo que piensa decir, acaba por considerar la nota como el objetivo supremo de su vida, y por enamorarse de todas sus ideícas. Ya no piensa, ya no habla, no escribe, sino en vista de su libro de notas. Y menos mal si se trata de una mente desordenada, que se regocija en su desorden... El mundo se le desmenuzará en papelitos llenos de escritura abreviada. Olvidará el comer y el dormir"
Alfonso Reyes
*Hallado en el blog http://hyepez.blogspot.com/
18/07/2005
*A Roxana
1.- Salí con Isabel sin querer salir con ella, aunque yo tuve la idea de invitarla al cine. Dejé a mitad la correción de un cuento y salí de casa algo distrído. No había salido a la calle en tres días por leer y escribir. La luz me provocaba una sensación de irrealidad.
2.- Mientras iba rumbo a su casa, pensé en ir a buscar a otra amiga sin avisarle a Isabel. Manejaba automáticamente, hilando historias. Un instinto paterno (pues es mucho más chica que yo) y un gusto por las flaquitas (preferencias que he tenido en las últimas semanas) me hizo seguir el rumbo hacia su casa.
3.- Toqué el cancel y salió en seguida. Su piel iluminaba el pasillo a oscuras entre su casa y la calle. Recordé un verso de Benedetti: "Una mujer desnuda y en lo oscuro, tiene una claridad que nos alumbra". Cuando le di el beso en la mejilla, sentí un escalofrío.
4.- En el camino rumbo al cine, le conté lo que había estado haciendo en los últimos días. Y hablé tantas cosas, que cuando llegamos al cine tenía la boca seca. Ella sugirió (con la sabiduría de las mujeres) que vieramos Madagascar.
5.- Reímos como locos, como niños, como hace mucho no reía. Aún así, hubo momentos donde la veía como si estuviera mirando la pantalla.
6.- Después del cine fuimos a cenar. Tuvo la oportunidad de hablar de sus cosas con una gracia infinita. Me interesaba cada palabra que mencionaba.
7.- Decidimos llegar a un parque para fumar y hablar otro poco. Mis pensamientos giraban alrededor de su cuerpo. Cada frase que le decía, tenía la intención de robarle algo. Me sentí más humano que nunca.
8.- LLegamos a su casa. Me pidió que no bajara del auto porque en su casa no les gustaba mirarla acompañada de alguien. Me dio otro beso, bajó de prisa.
9.- En el camino recibí un mensaje suyo: "Espero que llegues bien a tu casa. Maneja con cuidado."
10.- Al estar en casa, le respondí con otro mensaje: "Gracias por haber plantado mis pies en la tierra. Dormiré pensándote." Y así fue.
16/07/2005
Me acabo de enamorar de una mujer que conocí hace unas horas. Vi que entró y mi boca quedó abierta, era imposible que existiera una mujer que reuniera en un solo rostro tantos detalles perfectos. Por fortuna se sentó cerca de mi mesa. Si hubiera elegido sentarse en el otro extremo del local, estoy seguro que me hubiera levantado, hubiera dicho alguna excusa a mis amigos y la seguiría. Pero estaba cerca, y la podía mirar cuando quisiera, y quería mirarla en cada momento, conocer sus movimientos, escucharla, saber qué pediría.
Me pareció buena idea ir a su mesa, decir mi nombre y que sinceramente la quería conocer, porque no vaya a ser que seamos el uno para el otro y que jamás nos volvamos a ver si decides ignorarme. Si es así, me regreso a la mesa y punto final; si no, te invito a otro lugar en estos momentos, que es el momento justo para iniciar lo que nos espera. Pero algo muy fuerte me impidió levantarme e ir hacia ella: no estaba sola.
Mi atención se enfocó en su pareja con la pregunta: ¿qué tiene él que no tenga yo? Usaba una camisa de mal gusto, con rayas amarillas atravesadas al azar; los zapatos eran similares a unos que usé cuando era adolescente; su pelo bailoteaba encima de su cabeza; y para colmo, fumaba como loco. No es que quiera presumir, pero uno no tiene vicios, usa camisas lindas, le gusta peinarse y calza los zapatos que están de moda.
Me cansé de estar a la expectativa y decidí tomar cartas en el asunto: la miré detenidamente. Ella bien me podía mirar de igual modo, pero era imposible que lo hiciera si su pareja estaba a su lado. La comprendí. Sin embargo, mis ojos actuaron como si no comprendieran y la siguieron mirando hasta que fue imposible hacerlo por más tiempo. Mis amigos exigían mi presencia en la charla. Volví a la conversación sufriendo. Sabía que ella también entendería.
Curiosamente pidió la misma bebida que yo. ¿Acaso quería más pruebas? Uno no puede alejarse del destino, éste corre tras de ti hasta que te alcanza. Nunca es tarde para tomar el buen camino, como dicen los religiosos. Y era cierto, porque no importaba si ella se había comprometido con él, ya que ella podía terminar con esa relación cuando quisiera. Era fácil: el argumento de haber encontrado a la pareja perfecta nunca falla. Si le faltara valor, yo mismo hablaría con él sabiendo las consecuencias que la confesión traería. Lo golpearía si fuera necesario.
Era feliz. Por fin había hallado a la mujer más hermosa que había conocido y sin ningún esfuerzo. Sólo me cité con los amigos en el café de siempre, me senté, platiqué y ella apareció como si alguien le hubiera susurrado al oído: ve a ese sitio, ahí lo conocerás. La única duda que existía era si ella había llegado a mí, o yo a ella. Estaba seguro que él, jamás en su vida, había sentido la atracción que yo sentía por esa mujer, ni había escuchado la vocecita que dice: ella es, ella es, alcánzala. Parecía ser de esos hombres que no tienen una puta idea de lo que es el amor.
Decidí mantenerme en mi territorio y atacar en el momento que pareciera preciso. Ella seguía fingiendo no percatarse de mi presencia, y cualquiera que la mirara se lo creería. Su actitud al hablar era convincente: se enfocaba en él, sólo en él (sí como no). Me reía al pensar que el tipo estaba seguro de su relación, ignorando todo el mundo de detalles que había en conexión entre ella y yo.
Mientras llegaba el momento oportuno para anunciar al mundo lo que había entre nosotros, volví a la charla de mis amigos. Eso me distrajo de lo que pasaba en la otra mesa. No me percaté cuando pidieron la cuenta, ni cuando pagaron, ni cuando ella tomaba su bolso para levantarse e irse. La miré de pie tomada del brazo de su pareja, y pensé que su actuación le exigía hacerlo. Esperé que volteara hacia mí para indicarme, con la mirada, donde nos podríamos encontrar después. Pero ella siguió caminando, riendo, mirándolo. Cuando por fin volteó, poco antes de salir del local, supe que era feliz en su papel.
Largo se le hace el día a quien no ama
y él lo sabe. Y él oye ese tañido
corto y duro del cuerpo, su cascada
canción, siempre sonando a lejanía.
Cierra su puerta y queda bien cerrada;
sale y, por un momento, sus rodillas
se le van hacia el suelo. Pero el alba,
con peligrosa generosidad,
le refresca y le yergue. Está muy clara
su calle, y la pasea con pie oscuro,
y cojea en seguida porque anda
sólo con su fatiga. Y dice aire:
palabras muertas con su boca viva.
Prisionero por no querer, abraza
su propia soledad. Y está seguro,
más seguro que nadie porque nada
poseerá; y él bien sabe que nunca
vivirá aquí, en la tierra. A quien no ama,
¿cómo podemos conocer o cómo
perdonar? Día largo y aún más larga
la noche. Mentirá al sacar la llave.
Entrará. Y nunca habitará su casa.
Camino por tu cuerpo
llego a la boca
y me dices que no eres tu
16/07/2005 08:26 No hay comentarios.
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15/07/2005
Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía
cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque era un océano
la muerte solamente
una palabra
ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros
ahora veterano
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra
*A la pequeña Rubí, por ser tan grande.
Escuché un sonido y cerré el cuaderno. Me propuse investigar en el comedor. Busqué por debajo de la mesa, me cercioré de que la radio y la televisión estuvieran apagadas, y les hablé a mis hermanos para saber si estaba alguno de ellos. A esa hora asisten a la escuela.
Conforme caminaba, el sonido se hacía más claro en el lado de la cocina. No dudé en ir a explorar. Como la cocina es chica, en seguida me di cuenta que el sonido provenía del patio. Logré distinguir unas voces. Abrí la puerta, me detuve, miré cada objeto que mi vista podía alcanzar. No parecía que hubiera algo fuera de lo normal, sin embargo, la voz seguía ahí con una fluidez prolongada.
Salí hacia el patio y di una vuelta alrededor de la casa. Busqué entre los árboles y miré la calle, en la cual, sólo yo me encontraba. La voz se escuchaba con mayor claridad en el patio trasero, así que me devolví y busqué dentro del cuarto (al final del patio) donde guardamos las cosas que ya no utilizamos.
Al abrir la puerta el sonido fue entendible. Pude escuchar lo que aquella voz masculina decía, sin embargo, se podía entender poco de lo que hablaba por la rapidez en que lo hacía. Me percaté que las cosas que llenaban el cuarto del fondo habían desaparecido. El único objeto que miré fue algo que nunca había mirado, y de donde provenía el sonido de la voz. Quise tocarlo pero no me atreví. En una situación así, ningún hombre podría palparlo. Al verlo de cerca no me quedó ninguna duda. Sólo yo pude haberlo reconocido: era mi conciencia.
*A Tristana (la chica del caracol azul), que se va a Veracruz. Y jamás supe si en verdad existió.
Vila-Matas, en su último artículo en Letras Libres, escribe:
No olvidemos que de "la mente humana en condición de aislamiento" (Bernhard) ha nacido, por ejemplo, el sujeto moderno. Montaigne aislado en su torre cercana a Burdeos. Y Descartes en su habitación caldeada de la ciudad alemana de Ulm. Sin embargo, como explica DeLillo, en culturas más antiguas el solitario fue una figura maligna, pues se creía que ponía en peligro el bienestar del grupo. Pero a ese solitario le conocemos hoy perfectamente, "lo conocemos porque nos lo encontramos en nuestro propio interior, y en los demás. Vive en contrapunto, figura apenas visible en la distancia. Es ése quien es, en su soledad perdurable".
Grandes genios que se atrincheran frente al mundo. Bernhard, al escribir sobre Gould, decía que compartía con él un deseo muy fuerte de blindarse. Se sentía, como Gould, un fanático nato de las barricadas. ¿Y qué decir de Monk? Se quedó inmóvil ante el piano en un club de Boston, "presionando las teclas, sin sonido, durante tantísimo tiempo que, al final, sus adláteres abandonaron el escenario. Estaba oyendo algo que ellos no oían".
Retirarse del mundo para encontrar al solitario de nuestro propio interior. Deseos en Kafka de ser como un indio, siempre a caballo, pero sin ver ya la cabeza del caballo, a galope desenfrenado para estar más solo en la hora de la cabalgada y de la creación en el vacío. Sótanos y submundos donde habitan los genios. Todos esos genios que terminan siendo muy esquivos y apartándose. Todos esos genios que cantan, filman, escriben para sí mismos y, al final de sus días, como Monk, duermen debajo del escenario en el que tocan todas las noches.
Y un día se van.
15/07/2005 08:13 No hay comentarios.
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13/07/2005
*A Fernanda quien se fue al extranjero y vino para regalarme esta historia.
Curiosa cosa me paso, Paco, por querer andar como pájaro carpintero con la Lola. Vino de París la semana pasada, como te había dicho, y la invité a cenar y ella aceptó la invitación, casi con júbilo, Paco, porque antes de que dijese sí, suspiró y soltó un gritillo que quiso esconder colocando (seguramente) su mano en el teléfono, por donde habla, pero yo la escuché clarito. Sí, y como tu dices, pensé: el plato está servido, sólo es cuestión de salir esa noche, cenar, platicar, hacerla reír, darle un regalo, envolverlo para eso de la emoción, abrirle la puerta del restaurant y del coche, luego invitarla a dar la vuelta y como no queriendo la cosa, salir de la ciudad para ver las estrellas. Pero esa noche no pasó, Paco, pues fui por ella y no estaba lista; el restaurant del spaghetti estaba cerrado; el regalo que le llevé lo envolvieron con papel rosa, muy cursi; no quiso ir a la paella, a las hamburguesas, a las pizzas; y al final, después de cenar un par de ensaladas caras y chicas, ni le dije eso de ver las estrellas. Pero lo peor de todo, fue que toda la noche me platicó sobre Chuck, su novio francés.
No hice otra cosa más que escuchar, asentir y seguir escuchando. Me pedía a cada momento mi opinión y le decía lo primero que se me ocurría. Ella encantada por tener un amigo como yo, y yo, valiendo madre a su lado, mirando que sonreía, infeliz completamente. Esa noche llegué a las once a la casa, sí, a las once. Salimos del restaurant y fui directo a su casa fingiendo un dolor repentino de estómago. Entré a mi habitación y sólo pude decir en toda la noche: puta madre, puta su madre, putísima su mamasísima.
Después no volví a saber de ella. Me escondí, me alejé de todo posible contacto y dejé que dios tomará el lugar de amigo de Lola y le aconsejara lo que se le viniera en gana. Borré su número de celular, de su casa, sus correos, y estuve apunto de eliminar su contacto en el messenger pero lo dejé porque se me olvidó hacerlo. En verdad, se me olvidó borrarlo, y como entra poco pues ni la vi y ni me acordé.
Y cómo son las cosas, Paco, que precisamente vengo de su casa. Hace una hora aún estaba con ella, hace unos minutitos, de hecho. Me despedí y vine volando a tu casa para contarte, y ya me ves, aquí sonriendo al lado tuyo. Tanto así no, pero me fue bien. Ya ves que ella tenía novio, que cada día él le llamaba, que lo amaba con todo el corazón. Bueno, eso no te dije pero debiste de imaginarlo por como sonreía al hablar del puto francés. Ahora me llamó en la mañana; ella, no el puto, para decir que me quería ver con urgencia.
Comportándome como un hombre todo resentido y orgulloso, a regañadientes conmigo mismo fui a su casa. Y ahí me ves tocando a su puerta, eso sí, sólo una vez toqué como para que no escuchara, pero lo hizo y me abrió. En seguida me pasó a su habitación (lo que nunca, Paco) y me senté en su cama. Ella se fue a la silla frente a la computadora, así que estábamos cerca. No tardó en agradecer mi visita y de contarme que ahora por la mañana, antes de llamarme, su francesito le habló, y le contó que se había acostado con Marilyn, su antigua novia, por despecho, por que ella (Lola) había salido conmigo la semana pasada. Imagínate, por mi culpa (y eso que sólo hice acto de presencia) el puto blanco aquél tuvo relaciones con una francesita de dieciocho años, modelo, porque el mentado Chuck es fotógrafo y la había conocido en una sesión de fotos y con ese mismo pretexto sedujo a la Lola. Tú serías buena modelo, le dijo por la calle, o algo así, y ésta mexicanita que se le caen los calzoncitos (ya ves que es flaquita) y el otro encantado en subírselos. Según ella, amor a primera vista.
Bueno, voy al punto. Pues la Lola lloró y se puso a balbucear cosas sin sentido. Como dios se fue y me dejó el papel de ser en ese momento el amigo de Lola, la tuve que abrazar, decirle que no se preocupara, que el fotógrafo no la merecía, que los franceses siempre han sido poco para nosotros, que ya conocería a alguien mejor. Fue ahí cuando me miró, acarició mi cara y pregunto si le parecía sexy, que si parecía modelo. Le tuve que decir que sí, aunque sí lo parezca y yo quiera disimularlo (porque aún no la perdonaba, Paco, aunque estuviese triste). Entonces me dio un beso, me tiró a la cama y cuando estaba apunto de arrebatarle la blusa, me detuvo para decirme que le tomara unas fotos. Yo, picado, como pájaro carpintero casi apunto de colocar su pico en el árbol, le hice caso. Respiré, porque el jalón había estado fuerte. No es por presumir, Paco, en serio, estuvo fuerte.
De prisa va por el aparato, la arroja hacia donde estoy y entonces me adueño de la cámara. Le digo cómo tiene que moverse (como si fuera un profesional) y ella haciendo unos movimientos extraños, como de loca: estiraba un brazo, luego el otro, sacudía su cabellera, inclinaba su espalda, hasta que empezó a bajarse el pantalón de su pijama blanca. Yo tome y tome fotos y ella cerraba los ojos como creyendo estar frente a Chuck, en su estudio, a las afueras de París. La lente de la cámara se enfocaba en su bóxer blanco, diminuto, peligroso para cualquier hombre. Me acercaba a su cintura caminando alrededor de ella, le seguía diciendo cosas, y me detenía en un punto y tomaba dos, tres, cuatro, cinco imágenes continuas. Tomó su blusita celeste y poco a poco se fue deshaciendo de ella. Y yo, claro, tome y tome fotos y luego que se quita la blusa mientras que yo quería que terminara la sesión y empezara la acción (fuera rencores, al diablo el orgullo) Yo quería estar con ella, dentro de ella, en ese momento, a como diera lugar.
Para no hacer el cuento más largo, que se desnuda toda, y me dice: así, desnuda, como te gusta, tómame lo que queda del rollo. Lo tuve que hacer, Paco, ella ordenaba y yo obedecía acercándome, alejándome, pensando en lo que haría con sus piernas, con su ombligo, con sus tobillos que no dejaban de moverse y resbalaban por la cama, bajaban a la alfombra y subían por las paredes. Tomé las fotografías que faltaban con mayor rapidez, en cuestión de segundos, cada vez más cerca de su cuerpo. Cuando se acabaron, tiré la cámara y di un pequeño brinco hacia ella. Con su instinto en celo se apartó y salió del ring que había imaginado. Me fui tras de ella y me dijo que no, y yo que no qué, que no y ya, que no fuera estúpido, que quitara mis manos de encima. Miraba que se ponía la blusa y te juro que no entendía, Paco. Tomó la cámara, sacó el rollo, lo guardó y dijo para sí misma con un leve tono de voz que alcancé a escuchar: se lo enviaré a Chuck.
En ese instante salí de su habitación sin decirle nada. Pensé que esa mujer me había utilizado y engañado vilmente como sólo la mujer más ruin lo puede hacer. Y ella era la más ruin de todas. Me sentía como un pendejo, como un pésimo pájaro carpintero, como si... como si fuera un estúpido como ella dijo. Entonces cuando estoy en el pasillo, Paco, en verdad, lo que te diré es neta: ella me alcanza, me abraza, brinca hacia mi, me besa, se quita la blusa que se había puesto y ahí mismo, en el pasillo, lo hicimos.
Es neta, ¿no me crees, verdad? Pregúntale; bueno, no te va a decir que tuvimos relaciones; aunque mejor no le preguntes, en serio. No lo hagas porque después ya no volverá a hablarme y ni me volteará a ver cuando nos encontremos, ya sabes como son las mujeres de orgullosas. Uno hace algo y devolada se enojan, y no te dicen nada, simplemente borran tu número de teléfono, tiran todo lo que les has dado y ya, para ellas todo quedó resuelto, como si la vida fuera así de fácil, como si el bote de la basura fuera la solución de todos nuestros problemas.
12/07/2005
Salí de casa
abrí mi mano y en el viento
escribí un poema.
12/07/2005 21:25 No hay comentarios.
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